martes, 12 de marzo de 2013

POLICRONÍA SEMANAL


Litigio público a lo chocoBuena la tenemos los tabasqueños con el sonado caso del Graniergate entre el lleva y trae que se mandan los involucrados en la trama macabra del desfalco al erario local.

Rosa Elvia Bracamontes / rosaelviab@hotmail.com


Lo caótico del caso es que lo que se supone debe ser materia de sendas averiguaciones en secrecía para fincar adecuadamente responsabilidad a quienes cometieron cualquier delito contra la adecuada función pública y la sociedad choca, mas parece una puesta en escena para ir dando norte a adecuadas defensas o huidas magistrales.
Día a día amanecemos con nuevos pasajes de la tragicomedia. Lo que un día empezó con bombo y platillo, hoy parece un brillante concierto de la marcha fúnebre, aunque no sabemos quién o quienes tendrán su entierro.
El gobierno actual ya eludió cualquier acción contra los ya ausentes al tirarle la pelota a la cancha de la PGR; es lo sano, por las peculiaridades que bordean al titular de la PGJ local, quien actuó en la pasada legislatura abanderando al PRI y es posible esté dentro de los que alzaron la manita aprobando cuentas públicas amañadas, si es que las hay.
Se supone que el brazo de la justicia debe llegar no sólo sobre los autores materiales de delitos, sino también contra quienes lo permitieron, cuando tenían la obligación de impedirlo. Imposible ser juez y parte.
Duele pensar que el terruño esté inmerso en un grave conflicto económico. Ha sido tan constante el anuncio que estamos en la peor de las miserias y que eso hace imposible el trabajo de los llegantes, que la indignación es lo mínimo que impera en el ánimo social, sin olvidar que la voz se alza clamando una justicia que parece venir en burro cojo.
El pase de información mediática y hasta morbosa, denosta a cualquier individuo de la administración pasada; la presunción de inocencia es letra muerta, no obstante que vivimos en un estado de Derecho y lo correcto es que el conflicto legal se dirima justamente por la vía legal.
Esto parece no lo sabían los asesores del gobierno local; alguien les debió rezar al oído que estaban regando las paletas y conflictuaban la imagen pública del primer mandatario. Apenas hacen lo correcto.
Acá no importa que los políticos tengan piel de cocodrilo; hasta el digno animal puede ser cazado cuando hay pericia y el instrumento adecuado. Imputaciones al aire no caben, menos defensas públicas como la publicada por el Químico Granier. Finalmente, nadie está obligado a enterrarse el hacha solo.
Murillo Karam tiene la pelota en su cancha y así la acción legal no contenga el nombre del gobernador menos popular de la historia de Tabasco, la obligación legal de la autoridad ministerial será llegar hasta donde deba y fincar responsabilidades por acción u omisión a quienes resulten responsables.
Inconcebible que el saqueo a las dependencias con manejos importantes de recursos públicos se realizara sin el conocimiento de la cabeza del gobierno estatal. El debió tutelar la adecuada función pública. Tuvo la confianza de los tabasqueños y es responsable de todo lo habido y dejado de haber a manos de quienes burlaron confianzas. Era su jefe. Ni modo, así es esto del folklor. 
El químico Andrés Granier no tiene para donde hacerse. La PGR tampoco. Y nosotros, menos.  

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