lunes, 5 de marzo de 2012

Chalanes, choferes, crema y nata eligen a Jesús Alí


Con la ausencia de los ex aspirantes a la gubernatura en la convención de delegados, se consumó la nominación del candidato del PRI en un ejercicio que, según sus propias palabras, fue “el más democrático de los últimos tiempos”
Luis Enrique Martínez /
luisenriquemarh@hotmail.com

Un dubitativo Antonio González Curi escuchó la sarta de agravios de Evaristo Hernández Cruz a Jesús Alí de la Torre. Y antes que se conociera el resultado de la Convención Estatal de Delegados del PRI, abandonó la Nave Uno del Parque Tabasco.
Ese camino tomaron también Florizel Medina Péreznieto y Francisco Herrera León, dos de ocho aspirantes que no llegaron a la final de la contienda que, abrumadoramente, ganó Jesús Alí por una diferencia de mil 240 votos de un total de mil 439 posibles.
A diferencia de Medina Péreznieto que se retiró después de sufragar en unas de las 30 mesas receptoras de votos, Herrera León salió como escolta del ganador de la contienda pero sin votar. Y no retornó al evento.
En tanto, después de calentar los ánimos, Evaristo Hernández abandonó la asamblea y ya no regresó a conocer la votación que le dispensaron 82 seguidores.
Al presidente de la Comisión Estatal de Procesos Internos, Humberto Villegas Zapata, correspondió entregar la constancia de mayoría a Jesús Alí para despertar el auditorio que esperó hasta las 16:05 horas, el resultado de los comicios tras seis horas de convivencia partidista.
Democracia priista que el delegado regional del CEN del PRI atestiguó a medias aunque sí en primera fila. Junto con el dirigente estatal Miguel Alberto Romero Pérez, Federico Madrazo Rojas y el resto de la crema y nata priista. Detrás de ellos, choferes y chalanes de toda laya.
Puesto de pie para recibir a los contendientes al filo de las 12: 15 horas, González Curi interrumpió el abrazo que Jesús Alí intentó darle a Evaristo Hernández Cruz: al ver al ex gobernador de Campeche, éste último ladeó el cuerpo y estirando la diestra, alcanzó la mano extendida del peninsular ya con el semblante contraído.
A esa hora, nadie extrañó la ausencia de Luis Felipe Graham Zapata, Humberto Mayans Canabal, Georgina Trujillo Zentella, Jaime Mier y Terán Suárez, Candita Gil Jiménez y mucho menos las de José Eduardo Rovirosa Ramírez y Lulio Marín Ortiz.

Credo, agravios
Para continuar con las bases de la convocatoria, Villegas Zapata cedió la tribuna a Jesús Alí fijando como límite cinco minutos de exposición de su proyecto de gobierno a los mil 439 delegados presentes de un total de mil 487 electos entre el 17 y 19 de febrero en los 17 municipios.
Con el pelo engomado hacia atrás, portando camisa en color blanco y pantalón azul marino, el ex alcalde del ayuntamiento de Centro subió al templete en medio de la ovación de sus seguidores. Entre ellos, el titular del Poder Judicial, Guillermo Narváez Osorio.
Seguro y con vehemencia, Jesús Alí inició su alocución manifestando su credo por Tabasco, por su partido, el Revolucionario Institucional, y cuando incluyó a las mujeres se ganó las palmas de éstas y también del auditorio. Lo mismo pasó al expresar su confianza con los jóvenes.
Pero el júbilo y la emoción de sus correligionarios se trastocó en silencio cuando el precandidato propuso que, de ganar la elección interna priista y la constitucional del 1 de julio próximo, crearía un “código especial de ética…” y al mismo tiempo una “contraloría social” para combatir actos de corrupción.
“Este es el ejercicio más democrático de los últimos tiempos” que el PRI ha realizado para elegir a su candidato a gobernador, dijo casi al final de su intervención que superó más de los cinco minutos permitidos.
Remató su intervención casi golpeando el atril. Y como los toreros en una tarde gloriosa, se perfiló a su izquierda, extendió la mano a los integrantes de la Comisión Estatal de Procesos Internos para luego encaminarse a su lugar en la primera fila del auditorio.
Todavía no se acallaban los vítores a “¡Chucho!”, cuando Villegas Zapata invitó a Evaristo Hernández tomar la palabra.
Enfundado en un pantalón color caqui y camisa manga larga a cuadros, el también ex alcalde del ayuntamiento de Centro abordó la tribuna en medio de tenues aplausos. La mayoría provenientes del fondo del lado izquierdo del salón.
Antes de empezar su intervención, tomó un sorbo de agua y aclaraba la garganta cuando el conductor del acto amonestó al auditorio a no intervenir en la sesión.
Una vez que el griterío desapareció, el orador empezó su discurso en tono mesurado y manifestando su reconocimiento por la presencia en el acto de las amas de casa, campesinos, clases medias populares, maestras… y lamentado que tuviera “tiempo limitado” para expresar su experiencia tras darle a los municipios “treinta o cuarenta vueltas”.
“En el discurso podemos decir tantas cosas que en los hechos no cumplimos”, expresó poniendo como ejemplo de tal actitud al “payaso” que tuvimos como presidente: Vicente Fox. “Por eso yo predico con el ejemplo”.
Y luego pasó a comparar las obras que realizó durante su paso por el ayuntamiento de Centro con lo hecho en dos años por su rival interno. Por eso llamó a sus correligionarios a razonar su voto; y, después, recordó su militancia de 35 años en el PRI así como el hecho de que en su administración municipal integró a nueve ex dirigentes municipales de su partido; y dos ex presidentes del Comité Directivo Estatal.
Y si en un principio se había ganado la atención del auditorio, cuando recordó que su contendiente fue uno de los cinco diputados federales que pidió la anulación de la elección de gobernador en 2000, Evaristo Hernández se ganó el abucheo de sus correligionarios.
Y dos amonestaciones del presidente de la mesa directiva que volvió a recordar que, de acuerdo a la convocatoria, la intervención de los contendientes sería sólo para exponer un esbozo del proyecto de gobierno con el cual pretendieran ganar la elección interna y, el primer domingo de julio, la constitucional de gobernador.
Evaristo Hernández tomó un tercer sorbo de agua y prosiguió con sus agravios a Jesús Alí, quien, sorprendido, incómodo, volteaba a sus costados o revisaba una a una las notas de su discurso.
No hubo espacio para el debate. Tras su beligerante alocución, Evaristo Hernández pidió permiso para ausentarse de la asamblea y dejar a sus correligionarios votar en libertad. Villegas Zapata concedió la petición al igual que la presentada, en seguida, por Jesús Alí.
Detrás de ellos, salió, con el semblante preocupado, González Curi.
Y después de dos horas de votaciones y luego de un receso para el conteo de las actas de escrutinio, a las 16:05 horas, Jesús Alí recibió la constancia de mayoría como ganador de la contienda que en el camino dejó a diferencias hasta familiares.
Con la mano derecha empuñada y exhibiendo la boleta que le había entregado Villegas Zapata, el ex alcalde de Centro escuchó el “¡sí se pudo!” que le prodigó el auditorio.

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