martes, 6 de diciembre de 2011

Víctimas y victimarios


“Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”; frase de pocas letras y grandes reflexiones en torno a México y los mexicanos. Somos un pueblo de historia sufrida, escrita con sangre por asesinatos provenientes de conquistas, esclavitud, sojuzgamiento, movimientos revolucionarios e independentistas y en la nova época, de la lucha contra el crimen organizado.

Lejos quedó el tiempo en que los congresistas de 1917 se sentaron a meditar qué herramientas necesitábamos los mexicanos para el buen vivir. Nos pusieron adelante en el rango de prioridades.
La Constitución vista del principio al fin dice “primero la gente”, aunque suene a slogan de campaña político-electorera. Paradójicamente la realidad dista mucho del espíritu de la ley suprema.
Los mexicanos vivimos tiempos difíciles donde no hay para dónde hacernos. Por un lado, a quien se le paga para cuidar y dar buena calidad de vida simplemente ignora tal responsabilidad o no sabe cómo cumplirla. Corrupción o negligencia constitucional.
Cualquiera de ellas amerita el repudio social, la indignación, la búsqueda de alternativas para lograr que exista algo que hemos visto muy escaso: JUSTICIA.
Hay compatriotas que encuentran eco a sus inquietudes trascendiendo a otros planos; hoy tenemos a ciudadanos comprometidos, responsables y entendiendo cuán importantes somos y hacen valer nuestros derechos.
Por primera vez de la era moderna, miles promueven una acción legal ante instancias internacionales, para que una autoridad ajena a la corruptela y negligencia institucional mexicana mire objetivamente lo que pasa en estas tierras, donde las decisiones poco inteligentes han propiciado la muerte de miles de mexicanos.
Abolir la subordinación escandalosa en la que habíamos vivido produce raspaduras a la piel sensible de las autoridades del país. Se anuncia persecución, se declara una guerra intimidatoria y coartante de los derechos de la sociedad mexicana que mira al futuro con seriedad. Nadie quiere más de esto.
No todos tienen tanta suerte. La falta de compromiso de las instituciones públicas representa sordera, ceguera y parálisis permanente ante cualquier demanda social, ocasionando que gente emblemática del activismo social que solicitó su intervención fuese ignorada y dejada a su suerte.
Esto es un humilde homenaje a Marisela Escobedo y Nepomuceno Moreno Núñez, tan padres como los millones de padres que vivimos en México y que amamos a nuestros hijos y que seguro haríamos lo mismo que hicieron ellos: hasta lo imposible por justicia para sus hijos.
Irónicamente lo consiguieron. Ambos han muerto en esa búsqueda y hoy tal vez ya estén con sus hijos gracias a la OMISIÓN de quienes no lo impidieron. Descansen en paz, ambos padres que clamaban algo que nunca llegó.
Descansen en paz también los que han caído y seguirán cayendo en una lucha desigual contra el gobierno y el crimen organizado. Es cuando uno analiza que, después de todo, nadie paga tanto impuesto por tan poco rendimiento; así que en México nadie merece eso.

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