martes, 29 de noviembre de 2011

Por sus campañas los conoceréis


Salvo un gran fracaso de Felipe Calderón, los candidatos presidenciales ya están definidos. El primer investido fue Andrés López, a quien dos encuestas le desbrozaron a Marcelo Ebrard.

El segundo, por la autoeliminación de Manlio Fabio Beltrones, fue Enrique Peña Nieto.
En la Derecha no debe haber problemas para decantar a la militancia panista hacia Ernesto Cordero, quien ahora es sometido a cambios de imagen para ofrecerlo atractivo, propositivo y carismático.
Aquí están las dos dudas:
1.- ¿Será capaz la estructura gubernamental de doblegar la voluntad azul y torcerla hacia el delfín, en demérito de Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel?
y 2.- ¿Lograrán los estrategas de imagen del calderonismo presentar un aspirante convincente?
Por esfuerzo no quedará.
Allá Cordero si, como el perredista Mario Delgado con Marcelo Ebrard, es incapaz de proyectarse y con ello proyectar a su jefe.
Sólo así Calderón pasaría al plan B, donde acomoda Vázquez Mota.

DIRIGENTES DECORATIVOS
Decididos los abanderados, vienen hombres, estructuras y planes.
¿Quién es el mejor dirigente y cuál cuenta con el mejor aparato electoral?
Por nombres y antecedentes, sin duda el mejor es Humberto Moreira, del PRI.
Demostró oficio en Nayarit, donde impuso a Roberto Sandoval, favorito en las encuestas, contra el delfín del gobernador Ney González.
Y en Michoacán, donde el priismo no tenía estructura electoral.
Sin embargo, su permanencia no está garantizada porque la ha puesto a disposición de Enrique Peña Nieto y por los embates del PAN-gobierno, a punto de desencadenar su segunda fase mediática y penal.
Del panista Gustavo Madero puede decirse poco: ha perdido todo —su único fruto es Baja California Sur con un trásfuga perredista— y ha hecho el ridículo en otros lados como el Estado de México.
Depende del gobierno federal y del erario, como se vio en Michoacán con Luisa María Calderón Hinojosa.
En la Izquierda carecen de importancia Jesús Zambrano, Alberto Anaya y Luis Walton.
Ahí la única voz será Andrés López.
Se apoyará en Morena y no necesitará de bules para nadar.
Además, salvo el triunfo en Guerrero con el prófugo priista Angel Aguirre, no pueden ofrecer nada.
Ni siquiera pudieron defender Michoacán, enclave del cardenismo.

A GOLPEAR O ELUDIR
Más dudas hay sobre las estrategias. Ya conocemos dos de ellas.
El tabasqueño Andrés López trata de presentarse como mesías, un dios redivivo, como si no contara su pasado y esa campaña de odio de 2006, cuando perdió con 0.56 por ciento de los votos ante Felipe Calderón.
Como figura divina, se cree con derecho a milagros, como ese de generar siete millones de empleos en seis meses.
Con esa oferta y otras inviables pretenderá ganarse la confianza ciudadana, pero eso no le quitará el veneno contra Enrique Peña Nieto y contra el PRI.
Ernesto Cordero se centrará en acusaciones al priismo de corrupción, malversación y ligas con el crimen, y de respaldo tendrá la justicia y a la PGR.
No trae nada más.
Diferente sería Josefina Vázquez Mota si logra imponerse al control de Los Pinos en el PAN.
No es golpeadora y no cuenta con información privilegiada.
Pero ninguno de ellos brillará por sus propuestas.
Quien trata de desarrollarlas, más para eludir la guerra sucia es Enrique Peña Nieto.
El país está cansado de pleitos, de golpes bajos, y ya quiere un cambio.
Si lo consigue, ahí podría estar su éxito.

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