martes, 8 de noviembre de 2011

Dos errores de Marcelo


Difícilmente tendremos sorpresas en las encuestas de la izquierda. Porque se harán dos, una al gusto de Andrés López y otra al de Marcelo Ebrard, bajo el cuidado de un supervisor.

De ese nivel es la confianza mutua.
Pero ese no es el tema.
Como es segura la victoria del Peje, conviene centrarse en las razones de ese resultado porque hace un año no era tan previsible.
Entonces López andaba de capa caída, de pueblo en pueblo y perdido en el vericueto mexiquense, a donde llevó a la ruina a toda la izquierda y a quien en algún momento consideró ícono de ella, Alejandro Encinas.
En tanto, Ebrard metía la mano a su vasto presupuesto y se proponía como el impulsor de una izquierda moderada, moderna, conciliadora, una ciudad en construcción y con hoyos por doquier para ofrecer en víspera electoral una imagen renovada del Distrito Federal.
En síntesis, Marcelo se presentaba como un político con vocación de gobierno y dejaba a Andrés en el limitado papel de la protesta.
El extenso erario sigue a su alcance, pero su imagen es otra.

INCONGRUENCIA
Nada disgustó a Andrés López como la gran cercanía de Marcelo Ebrard con Felipe Calderón.
Durante el primer medio del sexenio, Ebrard evitaba asistir a reuniones.
Cumplía su promesa de no saludarlo.
A eventos indispensables llegaba tarde y se iba antes de su conclusión.
Así cumplía su promesa.
Pero en 2009 vino la ambición y Ebrard fue clave.
Generó las condiciones para aliar a la izquierda (o lo que signifiquen PRD, PT, Convergencia) con la derecha panista de Calderón y se sintieron recompensados con Oaxaca, Puebla y Sinaloa.
En 2011 sumaron Guerrero.
Aumentaron los enviados de Los Pinos y Ebrard empezó a escuchar música: podría ser el candidato alterno si El Peje lo despreciaba y el PAN carecía de un cuadro triunfador.
Así perdió el pudor y fomentó encuentros con Calderón.
Del primer saludo de ambos en público no hay fotografías.
Sí de dos siguientes, una en reunión sobre seguridad y otra con motivo de la inauguración de la macroplaza de La Villa de Guadalupe, conocida como la Plaza Mariana.
Aquí le va la noticia:
Fue Marcelo Ebrard quien propuso la presencia de Felipe Calderón.
Juntos aparecieron con el cardenal Norberto Rivera y el empresario Carlos Slim, pero no se ha dicho cuanto sucedió después del acto público del 12 de octubre.
Ebrard invitó a Calderón a comer al amparo de la Iglesia Católica con el arzobispo Rivera como único testigo.
Resultado: los afines a López ya no creen en Ebrard por su falta de congruencia y se han retirado.

LO PRIVADO
En contra de Marcelo Ebrard jugó su vida privada.
La quiso hacer pública y no le salió.
Quizá impresionado por el buen fruto popular del matrimonio Enrique Peña Nieto-Angélica Rivera.
Cuando decidió aparecer con la hondureña Rosalinda Bueso, algún perredista le refirió el pasado de la ex representante del presidente Manuel Zelaya, pero Ebrard no escuchó.
Luego le recomendaron llevar su relación en privado y tocar el tema sólo una vez y a pregunta expresa de reporteros.
No, prefirió difundirlo.
La reacción ha sido diferente: se le acusa de frívolo.
Y frívolo e incongruente son dos pecados capitales. Mayores a tener la ciudad en obra negra, los espacios públicos privatizados y con los ejes viales estrangulados para correr metrobuses.

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