martes, 4 de octubre de 2011

¿PHIT o PHIV?


Vi y viví las inundaciones de 1999, 2007, 2008, 2009, 2010 y hoy —con más de un centenar de localidades anegadas en las cuatro regiones de la entidad que ahora no fueron tomadas en cuenta por el Presidente Felipe Calderón— no sé aún qué nos depara 2011.

Me cuento entre los afectados por las inundaciones de 2007. Sé perfectamente que nadie que pierde su patrimonio en un siniestro, el que sea, vuelve a recuperar lo perdido. Ese año el agua se llevó hasta los recuerdos.
La inundación de hace 12 años dejó una gran lección: cuando la población se lo propone, puede contener la fuerza de la naturaleza.
Donde la gente se organizó, y trabajó día y noche —en aquel aciago 1999— llenando costales con arena, junto a los soldados, pudo evitarse el desbordamiento del río Grijalva.
A partir de la inundación de 2007, la mano de obra pagada vino a suplir a la mano de obra solidaria. Y el llevado de costales se convirtió en negocio.
En 1999 se habló de hacer algo, definitivo, para evitar las inundaciones recurrentes.
Se creó el Programa Integral Contra Inundaciones (PICI) y se fue ejecutando en fases, por lo que bordos de arcilla y bardas de concreto empezaron a ocupar los sitios donde antes estuvieron los costales.
Se cercaron colonias. Se bordearon con esos muros las márgenes de algunos ríos y lagunas para evitar otra inundación mayor.
Todo parecía que iba de maravilla con el PICI. Hasta que llegó el frente frío número 4 en el otoño de 2007. El cielo se vació sobre Tabasco. Y los muros cedieron el paso al agua.
Fue la inundación más devastadora de que se tenga memoria. Dicen que no hubo víctimas. No las vi. Lo digo yo que las conté personalmente por cientos sobre el césped del —derruido ya— parque del Seguro Social de la Ciudad de México, tras el terremoto de septiembre de 1985.
Todo el mundo se consternó y de muchas partes llovió la ayuda humanitaria para los damnificados y para los que, rapaces al fin, le dieron otro uso y destino. Esa es otra historia.
Felipe Calderón, que por entonces no podía quitarse el estigma de ‘Presidente ilegítimo’ que le impuso un tabasqueño (Andrés López Obrador), vio en la desgracia de los paisanos de éste la oportunidad de oro para legitimarse.
Iba y venía Calderón con tanta frecuencia que no se recuerda a presidente de México visitando tan seguido el estado.
Lo mejor es que no escatimó —al menos en el discurso— los recursos económicos para aliviar las pérdidas, remediar lo dañado y hacer “lo que sea necesario para que Tabasco no vuelva a inundarse”. Algo así dijo.
Comprometió más de nueve mil millones de pesos en un proyecto que parecía salvador y visionario: el Plan Hídrico Integral de Tabasco (PHIT). Le encomendó a la Comisión Nacional del Agua y a su titular, José Luis Luege, hacerse cargo de su consumación.
De los costales —que no se han erradicado del todo, como tampoco el negocio
que representan— se pasó a ponerle bardas a los ríos, que no se han terminado de cerrar. Lo que era la mega-obra del PICI: la estructura de control hidráulico de El Macayo, sigue siendo la más importante del PHIT y continúa sin concluirse.
A El Macayo se le hallaron defectos de fábrica y hubo que hacerle modificaciones. Luego una parte se hundió y tuvo que arreglarse. Y se le puso un espigón para desviar más agua del Mezcalapa al Samaria, para que el Carrizal no representara riesgo para la capital, aunque se inundara la Chontalpa Chica, como ya está ocurriendo.
Y mientras en Villahermosa se le cercó, al Grijalva se le abrieron, aguas arriba y abajo, inmensos boquetes —escotaduras, rompidos o canales de alivio— para quitarle fuerza a su paso por la ciudad, a costa de inundar vastas extensiones agrícolas y pecuarias, que ahora dice la Conagua que siempre se han anegado.
Los recursos del PHIT comprometidos por Calderón no han tenido misma la fluidez que las aguas de los caudalosos afluentes tabasqueños. Las obras se han venido atrasando y aplazando. Otras acciones, como la reforestación de la sierra, de plano se han olvidado. Y las giras presidenciales se dan ocasionalmente, cuando no se cancelan.
El 29 de septiembre, Felipe Calderón regresó al Tabasco que vio “totalmente inundado” en 2007, cuando también se desgajó un cerró que taponeó el paso del agua de Malpaso a Peñitas, en el Alto Grijalva. Vino a inaugurar los dos túneles, “portento de ingeniería mexicana”, que dan mayor fluidez al cauce del río en aquella zona. Y los tabasqueños que esperábamos una definición, un compromiso con los recursos que hacen falta aplicarse del Plan Hídrico, algo así como tres mil millones de pesos, sólo le escuchamos pronunciar estas 139 palabras:
“Y por lo que toca a Tabasco. Como bien ha dicho el gobernador Granier, a pesar de que el año pasado cayó toda el agua o el récord de caída de agua en Tabasco, yo no sé, fue dos o tres veces más, tres veces más de lo que había llovido en 2007, pudimos salvar la ciudad de Villahermosa de las inundaciones.
“Es cierto, muchas poblaciones que están todavía en el cauce de los ríos, en el Samaria y otros, o que están en la desembocadura de estos ríos y pantanos, sufren todavía este tema. Pero la ciudad de Villahermosa, si no hubiéramos hecho las obras del Plan Hídrico de Tabasco, que van caminando conforme a lo planeado, falta por hacer, pero van avanzando, seguramente se hubiera inundado nuevamente Villahermosa. Eso, afortunadamente, no ocurrió y vamos a seguir trabajando”.
Ni una palabra más. Si el propósito del PHIT fue, ha sido y será salvar a Villahermosa, enhorabuena, señor Presidente, palabra cumplida. Pero si para lograr esto, se pondría en riesgo al resto de la planicie, pues cuando menos cámbiele el nombre a PHIV.

No hay comentarios:

Publicar un comentario